No hay ningún bicho en mi pieza que me distraiga y me haga seguir sus paradas, como si estuviera en estado vegetal o como si esperara que el bicho me hablara y me convirtiera en la mujer mosca. Iré al baño, lavarme la cara, los dientes y observar las carencias de mi rostro en el espejo le suman 20 minutos a mi noche inagotable. Me esta dando miedo mi futuro, paso días recordando imágenes freakys de revistas sabatistas y pegando aquellos papeles mal recortados en cuadernos y paredes y mi única ilusión de movimiento es ir al doggis por un completo barato o al negocio a pasos de mi casa por un chocolate grande de $200 y cigarros sueltos marca chancho. Se me esta hasta olvidando respirar como “gente normal” y mi resfrío ya va en grado 3. Mis parpados me están cautivando para que los deje descansar, pero cuando alguien sufre de insomnio la cosa pasa casi a un estado de masoquismo y soportar mas horas quemando el cerebro resulta casi interesante, con sueño se apaga el filtro y escribir se hace mas espontáneo y menos profundo, las metáforas se van volando a la chucha acurrucadas con letras poco claras. En este estado de zombi siento que mi lápiz se mueve solo, como si me amenazara con una navaja para que siga escribiendo. En las noches llega el vago recuerdo de quién me destruyó, veo ángeles tomando Coca-Cola y muertos bailando Tap. Las nubes me aplastan y los bichos se sacan la placa para burlarse aún más de mí.
Ella vuelve a mi mente en el insomnio.
Ella me hacía sonreír, una noche lloré en su hombro recibió mi miedo y se quedó con un pedazo de mi alma. Ella nunca ha escrito sobre mí. Siempre está demasiado ebria.
Que las sombras me persigan
Que los labios se me sequen
Que mi cuerpo se mueva sólo al caminar
Estar tranquila me hace observar más… me hace encerrarme en mis ideas
Alegrarme por ver al perro
Llorar por ver a las flores pasar frío
Rabiar por que la corriente no me canta
Celebrar cuando las letras se enredan y se mezclan con agua sucia
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